En Voz Alta

 

Gastón Monge/2034

 

Con los resultados obtenidos por el Partido Acción Nacional el domingo dos de junio, Tamaulipas no solo sigue pintado de azul, sino que en esta ocasión el triunfo de este partido fue tan contundente y avasallador, que no cabe duda que la solidez de su estructura y la fortaleza de su ideología  se van a reflejar por varios años más, en contraste con la ya endeble y casi extinta estructura de un PRI que se niega a morir, pero que ya está en serio peligro de extinción, al caer en estas elecciones en lo más profundo del caos político.

Y si bien eso ya se había vaticinado para el PRI por todo lo que los expertos en política han mencionado, con Morena de Nuevo Laredo ocurrió un fenómeno muy particular, al haber sido destrozado por igual un mito que en la práctica de las elecciones resultó ser no solo una falacia, sino un endeble soporte  de cristal que arrastró en su caída a quienes se aferraron a este mito representado en la candidata de Morena, Carmen Lilia Canturosas, quien maliciosamente obtuvo la candidatura plurinominal por un partido al que llegó no por méritos sino por perversos acuerdos, a cambio de ese mito que resultó ser un fracaso estrepitoso para Morena, al haber ganado solo uno de los 22 distritos electorales, porque 21 fueron para el PAN.

Así el PAN acabó con el mito del canturosismo en esta ciudad de un solo golpe, y así como un mito es una explicación fantástica de alguien que quiere hacer cosas imposibles, las elecciones del domingo demostraron que en política lo imposible es solo  eso, algo imposible de obtener cuando se trata de un mito.

Pero el PAN paró también en seco eso que algunos llamaban ‘efecto López Obrador’ aún el mismo día de las elecciones, al pensar o creer sus seguidores que este efecto haría ganar a Morena en las urnas, pero sucedió lo contrario, ya que ese partido no solo perdió en la entidad, sino que su derrota fue tan contundente en Tamaulipas, como lo fue su victoria el año pasado en el país.

Ante esta realidad Tamaulipas se viste nuevamente de azul, y aunque en Puebla y Baja California Morena  haya obtenido la victoria, en Tamaulipas el PAN ganó no por casualidad, sino porque su dirigencia, su militancia y su estructura trabajaron de manera coordinada con el mismo objetivo de ganar, haciendo a un lado sus posibles diferencias.

Eso fue lo que llevó al triunfo a este partido el domingo, un trabajo de conjunto y de convencimiento que inició desde julio del año pasado, algo que no lograron concretar ni el PRI ni Morena, y aunque algunos piensen que el PAN ganó gracias al abstencionismo, la verdad es que independientemente de ello, los panistas hicieron bien su trabajo, mientras que a los otros partidos les falto trabajo, les falló su estructura y perdieron el rumbo, porque la victoria se obtiene aunque sea por un solo voto de diferencia.

Y aunque este martes el IETAM habría dado  a conocer de manera ya oficial los resultados del proceso electoral, es inobjetable que el PAN haya obtenido en la entidad 418 mil 437 votos a su favor, contra los 239 mil 442 de Morena, y los 87 mil 132 del PRI hasta la noche de hoy, es un reflejo no solo de una victoria contundente, sino de un trabajo bien realizado, muy a pesar de que el porcentaje de participación ciudadana haya sido del solo el 33.15 por ciento en la entidad, y del 30 por ciento general en los tres distritos de Nuevo Laredo.

Con ello, el PAN tendrá mayoría absoluta en el Congreso con 21 diputados de mayoría, lo que le permitirá al gobernador Francisco García Cabeza de Vaca gobernar con suma tranquilidad lo que le resta de su mandato.

Lo destacado de ello es que Nuevo Laredo se perfila con siete posibles diputaciones, con las tres de mayoría ganadas en las urnas, y otras cuatro plurinominales entre el PRI, Morena y el Movimiento Ciudadano, entre las que destacan la de Yahleel Abdala, actual dirigente estatal del PRI, y la de Carmen Lilia Canturosas, por Morena, quien de manera indirecta arrastró a Morena a la derrota inminente.

¿Pero qué es lo que ocurrió en el PRI y en Morena? De acuerdo a algunos analistas políticos de la entidad, al PRI no le falto fuerza, ya que trabajó bien su estructura, y sus candidatos también hicieron bien su trabajo, pero el peso de la historia pesó más que la realidad actual, y el electorado le cobró muy cara la factura al voltearle la espalda gracia a sus yerros del pasado.

Si a ello le sumamos las traiciones internas, la soberbia de algunos de sus dirigentes, la corrupción en el manejo de los dineros y, sobre todo, el haberse alejado de sus bases, no se podía esperar en este partido más que otra derrota contundente, por lo que en la próxima elección sus militantes difícilmente querrán aceptar una candidatura, bajo el riesgo de volver a perder.

Pero en Morena las cosas fueron más complicadas debido a la designación de candidatos sin fuerza política y sin arraigo en el partido, y a los caprichos de Alejandro Rojas y a la soberbia del senador Ricardo Monreal, quienes por dedazo seleccionaron a los elementos menos adecuados de Morena, y crearon fricciones innecesarias que le desgastaron.

Lo peor de todo en Morena fue que candidatos  y militantes que los apoyaron, creyeron que el mito absurdo de Canturosas y el malogrado efecto López Obrador les harían ganar, por lo que los morenistas no trabajaron, no fincaron un liderazgo efectivo, sus operadores políticos no se identificaron con su estructura a la que abandonaron, y lo peor, no invirtieron recursos económicos para echar a andar su endeble maquinaria política, por lo que desde el inicio todo el trabajo político y operativo no funcionó, y se paralizó.

 

Hasta mañana

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