No se trata sólo de migrantes:
se trata de nuestra humanidad

Mensaje de los obispos mexicanos
con motivo del acuerdo entre México y los Estados Unidos
en materia arancelaria y política migratoria
Como Conferencia del Episcopado Mexicano, externamos nuestra preocupación
por la falta de acogida verdaderamente humanitaria a nuestros hermanos
migrantes que refleje nuestras convicciones en materia de reconocimiento y
protección de los derechos de todos los seres humanos por igual.
Desplegar seis mil efectivos de la Guardia Nacional en la frontera sur no es una
solución de raíz que atienda a las verdaderas causas del fenómeno migratorio. El
combate a la pobreza y a la desigualdad en México y en Centro América pareciera
quedar sustituido por el temor ante el otro, nuestro hermano.
Si hemos rechazado como mexicanos la construcción de un muro no podemos
convertirnos nosotros mismos en ese muro. En este escenario recordamos las
palabras de San Pablo: “porque Cristo es nuestra Paz, Él hizo de ambos pueblos
uno solo al derribar el muro de enemistad que los separaba.” (Ef 2,14).
Es del todo legítimo y necesario tomar decisiones valientes para evitar la
imposición de aranceles a los productos mexicanos que se comercian con los
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No se trata sólo de migrantes
Conferencia del Episcopado Mexicano
Estados Unidos. En este sentido, celebramos se haya alcanzado este importante
acuerdo, que evita graves e injustas afectaciones económicas a nuestro país, y
animamos a los responsables de las negociaciones, para que el diálogo continúe y
exprese los valores fundamentales de dos países democráticos: el respeto a los
Derechos Humanos, la solidaridad entre los pueblos y el trabajo por el bien
común de nuestra región.
Sin embargo en este momento histórico, gobierno y sociedad no debemos
claudicar en promover el desarrollo humano integral para Centroamérica y el
Sureste mexicano. El gobierno de la República y la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL) han avanzado iniciativas en esta dirección,
como el Programa de Desarrollo Integral: El Salvador – Guatemala – Honduras –
México, que merecen ser promovidas y reforzadas.
“Todo está conectado”, nos lo recuerda el Papa Francisco en Laudato si´. Este
principio es sumamente importante: México no se encuentra aislado. Es un país
hermano que debe construir junto con los países centroamericanos una estrategia
que atienda al bien común regional y que no sólo rescate de manera momentánea
y un tanto coyuntural, un cierto bien parcial.
Nuestros hermanos migrantes nunca deben ser moneda de cambio. Ninguna
negociación debe colocarse por encima de lo que la Iglesia y la sociedad civil han
defendido por años: la no criminalización de los migrantes ni de los defensores
de derechos humanos que muchas veces luchan a favor de la dignidad a contra
corriente y con riesgos importantes para su propia seguridad.
Miles de migrantes están esperando cruzar a los Estados Unidos huyendo de la
violencia y la miseria en sus países de origen. Otros tantos son detenidos y son
deportados a México, ahora más bajo el programa unilateral americano de
“Quédate en México”, bajo el cual miles de centroamericanos, esperarán una
resolución de su situación migratoria, exponiéndoles a graves riesgos en las
ciudades fronterizas mexicanas e impidiendo su pleno acceso a la asistencia legal.
Como miembros de la familia humana no podemos ser indiferentes al dolor que
muchos de ellos viven y que reclama nuestra ayuda humanitaria y el respeto
irrestricto a sus derechos humanos.
La Iglesia católica en México está convencida de que es necesaria una justa
política migratoria que, por un lado, garantice un libre tránsito de personas
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No se trata sólo de migrantes
Conferencia del Episcopado Mexicano
ordenado, regulado y responsable; y por otro lado vele por los intereses legítimos
de los miembros de nuestra nación.
Así mismo, estamos convencidos de que los mexicanos debemos estar unidos al
enfrentar este y otros desafíos globales. Sin embargo, la unidad de los mexicanos
no debe construirse al margen de la fraternidad entre los pueblos. Somos todos
países complementarios e interdependientes.
Los obispos pedimos formalmente a los gobiernos de México y de Estados
Unidos hacer un compromiso permanente para privilegiar siempre el diálogo y la
negociación transparente en nuestras relaciones bilaterales. No caer en la fácil
tentación del chantaje o la amenaza. El bien de cada país se construye velando
por el bien de toda la región. No hay futuro más que caminando juntos como
hermanos que somos, solidarios y corresponsables.
Los obispos mexicanos y norteamericanos hemos reiterado en diversas ocasiones
que deseamos colaborar con todas las iniciativas que permitan encontrar un
camino de mayor seguridad y protección de los derechos humanos de quienes
emigran, y que es nuestro deber alzar la voz cuando los derechos humanos son
violentados. Así siempre ha sido y será.
Continuamos comprometidos sin titubeos brindando a los migrantes la ayuda
humanitaria que requieren en su tránsito por nuestro territorio nacional. Por lo
que manifestamos nuestro respeto y reconocimiento a los miles de hombres y
mujeres de la Iglesia católica, de otras iglesias y de la sociedad civil, que por
décadas han defendido a riesgo de su vida, los derechos fundamentales de los
migrantes en México, Estados Unidos y Centro América.
Pero pedimos también a nuestros hermanos y hermanas migrantes, se integren
con respeto a las comunidades donde los reciben.
Acompañar y acoger son semillas para construir una nueva comunidad de países
latinoamericanos que nos coloquen dignamente a todos en el concierto de las
naciones.
“(Porque) no se trata sólo de migrantes: se trata de nuestra humanidad (…) La
compasión toca la fibra más sensible de nuestra humanidad, provocando un
apremiante impulso a “estar cerca” de quienes vemos en situación de dificultad”.
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No se trata sólo de migrantes
Conferencia del Episcopado Mexicano
(Papa Francisco, su mensaje a la jornada mundial del migrante y el refugiado
2019).
Después de la fiesta de Pentecostés, pedimos al Espíritu Santo que ilumine a las
autoridades civiles de nuestras naciones para que tomen las decisiones más
sabias y auténticamente benéficas para nuestros pueblos. Arriesgar con valor a
favor del bien común regional, sin sacrificar nunca a alguna de las partes, será
premiado por el Señor.
Que Santa María de Guadalupe, Emperatriz de las Américas, interceda por
nosotros.
+ Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Monterrey y Presidente de la CEM
+ Alfonso G. Miranda Guardiola
Obispo Auxiliar de Monterrey y
Secretario General de la CEM
+ José Guadalupe Torres Campos
Obispo de Cd. Juárez y
Responsable de la Dimensión de Pastoral de Movilidad Humana